No te vi cuando tu voluntad humana tenía pies de barro
y crujía por el páramo erizado de cruces y lápidas.
No te vi cuando el dedo hueco
oculto y cobarde
bufaba hacia tu carne una avispa de plomo
ignorante del funesto peso de su hambre.
Te vi cuando yacías
con un gran ojo que miraba cara a cara a la muerte
y por el que se había abierto en tu aliento
una gran vía imparable de vida fugitiva
o de tierra entrante.
Te vi cuando la expresión de tu rostro ya no se sostenía,
cuando te recogías
y cuando la mujer que en sus brazos te tenía
gritaba pidiendo ayuda con sus ojos anegados de lágrimas y rabia,
gritaba que pararan el mundo
mientras ella te apretaba intentando parar tu sangre.
Te vi cuando tu tiempo ya era rojo y te cubría por fuera
en vez de sostenerte por dentro,
cuando tú no podías oírla
y yo tan sólo podía mirarte.
No te vi más que como imagen o sueño en una foto,
ínfimo eco de toda tu historia, perdidas tus palabras
y tus sueños en un vasto silencio a tus espaldas,
cuando apenas emergías ya en tu rostro
más que como una mera sombra sin aliento.
No te vi cuando eras niño (aunque me consta que lo fuiste)
y jugabas,
ni ayer cuando soñabas.
Jamás te veremos sonreír
ni veremos los días ni los hijos
a los que habrías dado vida
(aunque sonreír
me consta que sonreíste).

No hay comentarios:
Publicar un comentario