Esta tarde los muertos estuvieron
vomitando sangre durante horas.
Yo les sujetaba la frente con uno de mis
brazos mientras con el otro les rodeaba los hombros.
Intentaba ayudarles, mitigar su dolor,
pero las arcadas
eran tan intensas que algunos se
deshacían mientras yo les sostenía
como si hubiera apretado demasiado
fuerte un odre
deteriorado lleno de sangre.
Cuando se apagó el día y se hizo la
calma y quedamos todos atrapados
en el calabozo de la noche, estaba
empapado de sangre
y calado hasta los huesos intenté
marchar raudo hacia mi casa.
Pero mis pies apenas podían moverse
entre los cadáveres. Caminaba lentamente,
sin mano o luz alguna que me guiara, a
veces tropezaba
y aplastaba carne sumida ya en un pozo
de silencio, otras veces
me abría paso a nado contra mareas de
resina sin nombre propio que las calmara.
Medio erguido y temblando, de rodillas,
a rastras, escalando siempre
la garganta de la urbe. Andaba con los
ojos muy abiertos,
pero no porque en la calma hubiera nada
que me impresionara,
sino porque durante el día habían
tenido que ensancharse para poder tragar
puños de hierro que venían chillando
desde el cielo,
aullando histéricos lo fácil que es
emigrar a la nada y lo ridícula que es el asa
con que nos sujeta la vida.
La piel se me caía a tiras, la sujetaba
como podía,
y tenía frío como no lo había tenido
nunca, pero
seguía caminando y tropezando y
tiritando
andando por una ciudad inmóvil y a
oscuras que parecía
querer esconderse
en sus alcantarillas.
Cuando por fin llegué a casa
mis hijos estaban acostados y mi mujer
me esperaba sentada ante una vela
apagada. Su evocación de la luz
y los ojos de mi esposa quemados por las
lágrimas
fijos en el vacío iluminaron mi
recibimiento.
Le expliqué que no había podido traer
pan
porque había estallado un obús y el
pan había quedado sepultado
junto al panadero, bajo un montón de
escombros y vecinos.
Le dije que agua sí teníamos y que ya
pasaríamos hasta mañana,
pero no pareció oírme.
Cuando la toqué, sintió un escalofrío
y se echó a llorar.
Entonces comprendí que yo también
estaba entre los muertos.

Guauuuuuuuuuu!!!
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