Escribo para que
la muerte no tenga la última palabra, decía Cervantes. Escribo
porque se saldrán con la suya y seguirá habiendo guerras. Escribo
porque no soy como ellos: yo no. Escribo porque no agacho la cabeza
ni me confundo con la masa: yo no. Escribo porque yo no quiero ser
cómplice. Escribo porque es inútil. Escribo porque ellos matarán y
mis gritos se perderán entre la fanfarria. Escribo porque un día
moriré. Ellos ganarán y creerán que el mundo es suyo. Escribo
porque en ese momento los versos levantarán el brazo y pedirán la
voz y la palabra y entonces la muerte ya no será dueña de nada.
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