No estás en los
libros.
Pero yo aquella
noche tenía insomnio
y asomado a la
ventana te vi correr por las calles
y esconderte entre
los huertos.
Sólo era un niño
con insomnio
pero tu huida me
enseñó más sobre el mundo
que profesores y
libros.
Hoy ni eres letra,
pero no te olvido:
yo aquella noche
tenía insomnio
y asomado a la
ventana miraba
aburrido el mundo.
Al día siguiente
ya no era un niño.
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