Pagan bien patronos
y políticos con la excusa del orden
a policía y
milicia, mercenarios y molicie.
Muchachos
violadores o centinelas o tontos o francotiradores
maltratadores y
asesinos
mejor pagados que
los campesinos.
Tienen brazos,
tienen piernas, tienen ombligo y tienen armas.
Incluso tienen ojos
y a veces hasta frío y hambre.
¿Qué esperabas?
¿Dragones, ogros, ratas asomando
por su boca?
Algunos incluso tienen hijos
y celebran fiestas
en familia.
Luego en el trabajo
hacen gestos, escupen
y se despreocupan
de los dioses,
que de tú a tú
hablan desnudos a los truenos
y utilizan las
barajas para atentar contra el azar o escribir postales.
Lanzallamas les
gustaría hacer con sus escupitajos
y fluorescentes en
su entrepierna substituyen
mil silogismos
necesarios para narrar
lo que otros llaman
emociones. No tienen labios
por donde
agarrarlos porque no esperan llegar hasta mañana
y sus botas pisan
el mundo y punto.
¿Frecuentan
libros? Por supuesto: ellos son
su propio poema no
escrito, la obra culminante
de un artista ciego
llamado caos. Y la escritura
es siempre para
otros, a ellos les basta una bala,
un corazón ajeno y
un poco de ajo a tumba abierta
hacia el centro de
la sangre para crear buena literatura.
Les ha inventado el
hombre para la guerra
y la tiranía del
hambre y el deseo hace el resto.
Lo peor del ser
humano se paga bien
cuando cae la
noche.
Tienen brazos,
tienen piernas, tienen ombligo y tienen armas.
No son buenos
samaritanos, son mercenarios y soldados,
trabajadores
eficientes, hormigas de un ejército convencido.
No son demonios, no
son raros: son niños (todos jugaron),
son hombres (tienen
frío, a veces), son padres, son madres
(algunos incluso
amaron),
¿soy yo, eres tú?
Vecinos, amigos y algún que otro hermano.
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