| Foto de Diego Herrera (@dherreraphoto) |
Mamá no sabía
hacer nada
pero tenía rayos X
en los ojos.
Papá estaba
enfermo
en algún rincón
del hospital, lejos.
Y mamá sola
aquella noche con
sus tres hijos intentaba
no sucumbir a la
desolación de un mundo
más parecido a la
pesadilla de una hiena hambrienta
que a una sociedad
humana.
Era difícil no
naufragar
no dejarse llevar
por la corriente
hacia el fondo del
pantano negro
no sucumbir a las
cloacas
resistir a la
ciudad tomada
por la noche y
asesinos
sobrevivir a la
parálisis del frío
y al calambre del
miedo y respirar
en el silencio
mayor que se imponía
por encima de las
bombas.
Ese manto
deshabitado
que marcaba al rojo
corazones
y abría los
labios:
mamá no sabía
hacer nada
pero tenía rayos X
en los ojos.
No sabía detener
el estruendo súbito de las bombas,
ni silenciar los
disparos, ni conseguir
que las heridas de
sus hijos
dejaran de dolerles
por un rato,
ni siquiera sabía
poner comida
encima de la mesa.
- Eres tonta, mamá -
le chillaba su hijo
mayor
eres tonta
con el rostro
arañado por las lágrimas
- fuiste a por pan
le chillaba y te lo
robaron,
fuiste a por agua
y la perdiste, le
chillaba:
no sabes hacer
nada, mamá,
eres tonta lágrimas
y hambre.
Mamá se levantó
llorando
y fue decidida
hacia su hijo,
el mayor. Caminó
mientras luchaba
contra la piedra
crecida de repente
en medio de su
garganta.
Amor lágrimas sin
hambre.
El niño se asustó
- No te voy a pegar
- exclamó mamá
entre sollozos
- Veo dentro de ti
y sé de dónde
salen las palabras
cuando el dolor no
para.
Mamá no sabía
hacer nada
pero tenía rayos X
en los ojos
y aquella noche
reunió en el centro de la mesa
todas las velas que
quedaban en la casa
y las encendió con
las últimas cerillas.
Luego colgó el
móvil de los niños
del techo de la
cocina
y las piezas
danzaron lentamente
como magos en
trance invocados por la luz
lanzan inquietos
destellos lácteos
contra la oscuridad
y las paredes.
Mamá y los niños
quedaron embelesados
durante unos
segundos
por la magia de la
luz y del silencio.
Sus miradas
eran nubes de verano
flotando en un gran charco
negro.
Entonces la hermana
dijo que tenía hambre.
- No seas tonta
-contestó el más pequeño de los tres
con las últimas
reservas de inocencia-
esta noche cenamos
luz.
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